jueves, 2 de junio de 2011

pechos atados

Le gustaba sentirse atada, indefensa, a la merced del otro.

A veces ofrecía sus manos sin resistencia y otras jugueteaba a quitarlas o a hacerse de rogar. Fuese como fuese, siempre acababa embelesada con las cuerdas... pero sin duda, cuando más absorta se queda, era cuando ceñían sus pechos.

Desde el momento en que las cuerdas los empezaban a rodear, estos se iban deformando y poco a poco se iban convirtiendo en extraños.

Extraños porque apenas se los reconocía, y extraños porque dejaban de pertenecerle... Tocarlos era para ella como tocar otros pechos, sedosos, turgentes.

Toda una experiencia que se quedó corta al sentirse empotrada, con unas manos firmes asfixiandolos mientras se apoyaba sobre un dulcísimo cojín.

la perra eva

¿Dónde voy yo con estas tetas?

5 comentarios:

Eric dijo...

empotrada, me encanta

elle dijo...

¡Hasta que se pongan azules!

Besos.

net{LL} dijo...

muy bueno y sugerente ;)

fleure dijo...

Buena experiencia, te lo digo porque yo la he vivido ya varias veces.
Por cierto, retomé mi viejo blog :) Me alegro de verte feliz.
Besos.

pelele_(AM) dijo...

mmmm siempre sentí deseos de tener pechos para sentirlos atados... a mi AMA le encantaría, pero me ata otras cosas...