Había oído historias acerca de Amos que se enamoran de sus sumisas y que a raíz de eso cambian su actitud. No entendía muy bien a que se debía deber, de hecho, aún habiéndolo vivido ahora, no lo entiende.
Su relación con su Amo empezó muy bien pero poco a poco se fue “avainillando”… hasta que se “avainilló” del todo.
Ella era joven, curiosa, vivaz y quería saber más acerca del BDSM, quería vivirlo, saborearlo. Sin embargo, apenas sin darse cuenta se había visto emparejada, casi casi sin comerlo ni beberlo, emparejada y a distancia.
Le dio vueltas y vueltas hasta que tomó una decisión. Al finalizar la semana de vacaciones con su Amo/pareja le diría que lo mejor sería cortar con la relación. Pero eso nunca llegó a ser necesario. Durante la semana con él, ella, sin querer se comportaba de manera muy fría, y él, se percató de la obviedad.
No hizo falta hablarlo para entenderse. Fue muy curioso como cortaron la relación sin mencionar ni una palabra directa sobre el tema. Claro está que acabaron hablando sobre ello, pero hablando sobre conclusiones o sobre el futuro.
Más tarde él le contó que también la pretendía dejar. No veía viable su relación a distancia. Quería tenerla cerca para atarla a soga corta y así poder domarla, pero eso no era posible por ninguna de las dos partes.
Así terminó su relación aparentemente de mutuo acuerdo. Con uno más herido por Cupido que el otro, pero aún así, felices de haberse conocido, contentos de que la vida les hubiese cruzado los caminos.
Ahora ella se hallaba de nuevo con el cuello desnudo, sin collar, sin dueño, sin Amo, tan solo con la esperanza de que cuando fuese el momento oportuno, y encontrase a la persona adecuada, pasaría lo que tuviese que pasar.
la perra eva
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