sábado, 4 de diciembre de 2010

azotes

... Lo peor es el instante antes del azote, la incertidumbre, el silencio, pensaba.

Antes de sentirlo su cuerpo ya se retorcía, sus musculos se tensaban... aunque de cada vez le gustaban más. Con los ojos vendados o de espaldas a lo que ocurría, era más fácil, pero cuando estuvo boca arriba, con las piernas abiertas y las manos esposadas se le hizo más agonioso.

Veía a esa mujer con el flog en la mano, alto, esperando a que se destensase para azotarla. Una vez que lo hacía no podía evitar cerrar las piernas, más bien por costumbre, ya que era capaz también de aguantar algún que otro azote sin moverse, sin quejarse, sin apenas acelerar su respiración.

Era curioso como aún no podía adivinar con qué recibía los azotes. Al acabar la segunda sesión con la pareja ya relajada vio como de la bolsa de los juguetes sobresalía una fusta y le pidió a ella que se la acercase.

La tocó para familiarizarse con ella como ya había hecho hace tiempo con un cepillo, y una vez bien palpada se azotó un poco ella misma. Sin ser consciete de ello, ya la había sentido antes, solo que había pensado que se trataba de una mano azotando su trasero con severidad.

Ahora, mientras escribía estas lineas le era imposible no recordar la situación y desear que se produjese el próximo encuentro, en el que volvería a ser lo más dócil, sumisa y obediente que le fuese posible.

la perra eva

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