La envolvió en film.
Como no era suficiente le amarró los pies a un punto fijo en el cabecero de la cama y le inmovilizó el cuello. Así ya estaba preparada para pagar su apuesta.
Mientras su acreedor la procuraba ensartada e impedida; notaba como entre engullida y engullida, el capullo en la que estaba envuelta se iba convirtiendo en una sauna.
A medio pago su sauna era ya una piscina. Así pues, en un despiste aprovechó para resbalarse por el film y emerger como una malvada mariposa.
Dieron por pagada la apuesta y se cambiaron las tornas.
Lady Eva
Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos.
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