Sentía que había recorrido un largo camino, que había logrado escalar una montaña muy alta, muy alta y que se encontraba en la cima, mirando la inclinadísima pendiente que tenía delante.
No se daba cuenta, (no quería darse cuenta o no quería asumirlo) pero aunque muy lentamente, ya había empezado a descender; cuesta abajo y sin frenos.
Se encontraba en ese momento de adrenalina y miedo que se padece justo antes de cometer una locura, con un nudo en el estomago del tamaño de la cabeza de un jabalí, con unos sentimientos sin razón de ser que afloraban como los almendros en febrero.
Era el principio de una vorágine de sentimientos, de una caída libre, de un quién sabe qué...
eva
-¿Sabes una cosa? Huelo el miedo.
-¿Y?
-Nada, que aquí apesta.
4 comentarios:
Huele a miedo y mucho y no solo el tuyo. Una caida libre a una locura que ya veremos donde acaba, pero sea como sea los dos lo estamos deseando.
Antes de caer habrá que hacerlo, ¿no?
¿Hacer el qué?
Pues eso. Qué va a ser.
Publicar un comentario