Ella no creía en ningún tipo de religión, pero su madre unos años atrás había decidido convertirse al Islam, y con el tiempo lo había llegado a respetar. Una respetaba que la otra llevase pañuelo y la otra respetaba que la una vistiese a su antojo. Era mucho más fácil eso que discutir día si día no.
Ahora ella aunque de manera distinta sí que veía un símil entre la vida de ambas.
-Dios no puede ser tan malo. Dios te tiene que permitir comerte media manzana o un melocotoncito.
Escuchó esa frase y le hizo bastante gracia. Su madre en las fechas que tocaba practicaba el conocido ramadán, y algunas de las visitas se quedaban asombradas al ver que se pasaba dieciséis horas sin comer, ni beber.
Al cabo de los días le dio sentido a esa simple frase. Su madre hacía eso porque tenía fe en su dios. Ella en cambio obedecía a su Amo porque confiaba en él. Sin pretender compararlo en ningún momento con un dios, si que pensaba que era un poco parecida la situación.
Un Amo no haría algo por el mal de su sumisa, igual que el ayuno que propone el Islam tampoco es malo para nadie que lo realice, de hecho es considerado como bueno para el organismo.
Así mismo, el objetivo de ayunar no es sólo abstenerse de la comida y la bebida, sino hacer un esfuerzo consciente para mejorar la conducta y tratar de tener más autodisciplina. ¿Qué busco yo mediante la obediencia a mi Amo si no la mejora de mi conducta, mi propio crecimiento como persona, como sumisa?
El ramadán es también una prueba de su fuerza de voluntad… más de lo mismo. Unos con el objetivo del paraíso fuera de la vida terrenal y mundana y otros dejándose de posibles paraísos y buscando su placer, su propio crecimiento máximo, su auto superación, su felicidad al fin y al cabo.
¿Soy acaso la única qué ve un símil en esta comparación? ¿No es si no curioso?
Toda mi obediencia, entrega y docilidad para mí no tienen otro fin que mi felicidad y la de mi Amo. Soy yo la que decide aceptar las sesiones, las órdenes, el sometimiento para mi propio desarrollo, para conocerme más profundamente.
Madre e hija tan distintas en apariencia y tan iguales en el fondo…
eva{GN}
Ahora ella aunque de manera distinta sí que veía un símil entre la vida de ambas.
-Dios no puede ser tan malo. Dios te tiene que permitir comerte media manzana o un melocotoncito.
Escuchó esa frase y le hizo bastante gracia. Su madre en las fechas que tocaba practicaba el conocido ramadán, y algunas de las visitas se quedaban asombradas al ver que se pasaba dieciséis horas sin comer, ni beber.
Al cabo de los días le dio sentido a esa simple frase. Su madre hacía eso porque tenía fe en su dios. Ella en cambio obedecía a su Amo porque confiaba en él. Sin pretender compararlo en ningún momento con un dios, si que pensaba que era un poco parecida la situación.
Un Amo no haría algo por el mal de su sumisa, igual que el ayuno que propone el Islam tampoco es malo para nadie que lo realice, de hecho es considerado como bueno para el organismo.
Así mismo, el objetivo de ayunar no es sólo abstenerse de la comida y la bebida, sino hacer un esfuerzo consciente para mejorar la conducta y tratar de tener más autodisciplina. ¿Qué busco yo mediante la obediencia a mi Amo si no la mejora de mi conducta, mi propio crecimiento como persona, como sumisa?
El ramadán es también una prueba de su fuerza de voluntad… más de lo mismo. Unos con el objetivo del paraíso fuera de la vida terrenal y mundana y otros dejándose de posibles paraísos y buscando su placer, su propio crecimiento máximo, su auto superación, su felicidad al fin y al cabo.
¿Soy acaso la única qué ve un símil en esta comparación? ¿No es si no curioso?
Toda mi obediencia, entrega y docilidad para mí no tienen otro fin que mi felicidad y la de mi Amo. Soy yo la que decide aceptar las sesiones, las órdenes, el sometimiento para mi propio desarrollo, para conocerme más profundamente.
Madre e hija tan distintas en apariencia y tan iguales en el fondo…
eva{GN}
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