¡Poc poc! - golpeo el llamador de la puerta y les abrieron.
A los murmullos de conversaciones de la mazmorra se añadieron saludos y besos para los últimos en llegar.
Se retomó la charla distendida de un sencillo grupo de amigos mientras cenaban, durante la que ya se pudieron percibir susurros de órdenes.
Una vez tumbada en el potro lo primero que hizo fue mover los pies para escuchar el sonido de los mosquetones de las muñequeras al choque con el mismo potro. Era la música de la inmovilización.
En sus oídos también resonó un nombre, LadyEva, mientras jugaba a un juego.
la perra eva
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