Fue a la playa con una amiga y nada más llegar se toparon con el maromo de turno.
Desde el mar lo observaban con ojos lascivos, era
realmente deseable... y lo fue hasta que abrió la boca.
Aun así le dieron una oportunidad al muchacho; que desperdició por falta de habilidad y por tener las manos saladas.
-No, da igual, tú dedícate a ella, a mi me gusta mirar.
Entre bromas y risas a costa del pobre chico pasaron la tarde. Vilmente le hicieron creer una sarta de mentiras; aunque a este, poco le importó.
Ella resultó ser una jovencita ingenua de 18 años, lesbiana y que no había conocido miembro viril en la vida y la amiga acabó siendo su pareja.
Así pues, en vista de que no se quedaban solas, la jovencita aprendió a masturbar a un hombre, que una vez descargado no tardó en irse.
Por fin se quedaron solas, abrazadas, viendo el atardecer mientras escuchaban el dulce sonido del mar.
Eva
El físico no lo es todo.
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