viernes, 22 de junio de 2012

dos piedras

La lluvía apresuró su marcha del bar. 

Sintió la necesidad imperiosa de notar sus labios y se le lanzó a los morros sin titubeo alguno... había tanto deseo mutuo reprimido en ellos.

Subieron las escaleras a trompicones y  se conocieron por fin.

A veces la cogía de la cintura para, de un estirón, aunar sus cuerpos. Otras sencillamente se tumba y le dejaba vía libre a las dos piedras que tenía por pectorales para que se aguantase mientras cabalgaba.

Había valido la pena esperar para conocerse.

Eva

Nos vamos a llevar muy bien tú y yo ;)

1 comentario:

Lord Wunjo dijo...

Hallo, mein kleiner Schatz,
Cotorrrrrrí,....
Has empezado bien el verano, jajaja,

Una besada.