La lluvía apresuró su marcha del bar.
Sintió la necesidad imperiosa de notar sus labios y se le lanzó a los morros sin titubeo alguno... había tanto deseo mutuo reprimido en ellos.
Subieron las escaleras a trompicones y se conocieron por fin.
A veces la cogía de la cintura para, de un estirón, aunar sus cuerpos. Otras sencillamente se tumba y le dejaba vía libre a las dos piedras que tenía por pectorales para que se aguantase mientras cabalgaba.
A veces la cogía de la cintura para, de un estirón, aunar sus cuerpos. Otras sencillamente se tumba y le dejaba vía libre a las dos piedras que tenía por pectorales para que se aguantase mientras cabalgaba.
Había valido la pena esperar para conocerse.
Eva
Nos vamos a llevar muy bien tú y yo ;)
1 comentario:
Hallo, mein kleiner Schatz,
Cotorrrrrrí,....
Has empezado bien el verano, jajaja,
Una besada.
Publicar un comentario