jueves, 15 de julio de 2010

lágrimas

Al fin… al fin salen mis emociones a la luz. Después de algo más de un mes buscando, curioseando, experimentando nuevas sensaciones, descubriendo cosas nuevas. Al fin mi corazón o mi mente no ha podido más y ha estallado, porque de otra manera no me hubiese dado cuenta.

Sucedió dónde todo empezó, en el mismo sofá que me ataron sin cuerdas por primera vez. Tumbada y mirando como tocaba la guitarra el primero que derramó cera sobre mí, la cera de la misma vela que iluminó mi mente.

Llegué a su casa a las 8, toqué su puerta y me abrió. Creo que se me iluminó la mirada cuando le vi. Me invitó a pasar, dejé mi bolso y hablamos un poco. Después me dijo que sería su sirvienta, y lo fui. Fregué una montaña de platos sucios disfrutando de su presencia y de sus manos y barrí su salón mientras él estaba cómodamente sentado disfrutando del aire acondicionado. Cuando terminé con esas tareas pasamos a la habitación e hice la cama bajo su supervisión, cuando acabé estaba muy sudada. Como ya me había avisado me iba a duchar… desde que aprendí a ducharme cuando era una niña nadie más me había duchado… me avergonzaba la idea de que él lo hiciese, pero aún así le hice caso.

Entramos en el baño, me desnudé bajo sus órdenes. Me metí en la ducha y abrí el agua fría, mojé bien mi cuerpo y cogí la esponja que me ofrecía. Abrí la mampara de la ducha y siguiendo lo que me ordenaba puse jabón en la esponja. Me empecé a enjabonar las piernas tímidamente y fui subiendo. Por lo visto no le gustó como lo hacía, y lo empezó a hacer él. Me pidió que me girara y una vez así empezó suavemente a acariciarme con la parte más áspera de la esponja, escuchó como mi respiración se alteraba y entonces pasó por mi culo, para seguir por mi sexo durante un rato.

Cuando la ducha acabó pasamos a la habitación, y le di el masaje que me había pedido antes de llegar a su casa. Desde los pies hasta la cabeza, a excepción de la zona genital. Una vez acabado el masaje sí que me permitió tocarle por todo, le excité, se la puse muy dura y una vez así me dijo que me lo montase como quisiese, pero que eso solo iba a ser para mi culo… no sabía cómo asimilarlo puesto que el tema anal aún lo llevo mal pero no le di muchas vueltas y con él acostado me puse encima. Costó pero acabé disfrutando varias veces como una perra. Cuando ya casi no podía más me ofreció su polla para que la mamase y me advirtió que la leche que saliese era para mi boca y que debía tragármela. Me volví a asustar.

Cuando acabamos nos tumbamos y charlamos. Al rato mi mano empezó a masajearle de nuevo el pecho, los brazos, los muslos… acabó con la polla durísima y me invitó a chupársela, lo hice.

Él en ningún momento me había dado permiso para excitarle, así que me hizo pagar por ello. Jamás había chupado una polla durante tanto rato y con tantas ganas. Estábamos a oscuras y yo perdí la noción del tiempo. Cuando mi mano no pudo más y mi boca tampoco después de rogarle varias veces que me penetrase, se puso encime de mi y se volvió a correr en mi boca… y me volvió a hacer tragar su leche.

Se marchó a limpiarse y volvió. Con las luces apagadas nos enseñamos algo de nuestro interior, hablamos de intimidades, de cosas privadas, asuntos propios. Encendimos las luces y eran las 2 de la madrugada, le preparé la cena. Cenó y luego fue cuando me pidió que cogiese la guitarra. Me enseñó a tocar una nota y luego le pasé el relevo. No sé porque, escucharle tocar la guitarra hizo que unas lágrimas asomasen a mis ojos, aunque como el día anterior, tampoco se atrevieron a salir.

Cuando se cansó de la guitarra pusimos música y se quedó dormido mientras le masajeaba los pies. Eran las 3.30, le desperté para que se fuese a la cama si no quería que le doliese la espalda al día siguiente, le acompañé a la habitación, se acostó, cogí mi bolso y le pregunté si deseaba algo más. Me contestó: “ven, siéntate con papi”. Me hizo gracia y me senté hablamos un poco más. Después me marché con lágrimas en los ojos, gracias a la oscuridad no se dio cuenta.

Salí de su casa, me metí en el coche y empecé a llorar. Tenía una hora de vuelta hasta casa y creo que medio trayecto lo pasé llorando como una descosida. Sus palabras me calaron hondo, y de qué manera. En un momento de la conversación me dijo que solo había tenido una ex que apenas tenía experiencia con otras chicas, que solo sabía hacer el amor, y que ahora lo que hacía era “improvisar”.

Miré atrás en mi vida. En ese aspecto soy todo lo contrario. Tan solo he hecho el amor dos veces y ya casi no lo recuerdo. Eso es algo que me persigue, que me nubla, que en los momentos en que estoy más débil me asalta. Y me hace pensar… y me hace llorar… y casi, casi me hace odiarme por ello.

Ahora que quiero conducir mi vida por este nuevo camino que es el BDSM pienso, y me vuelvo débil, esto no es lo “normal”, no es lo que hace la mayoría, no tengo con quién desahogarme, me siento sola, sola y muy pequeña. Sola y sin saber si seré capaz de hacer lo que realmente me haga feliz, si no me atreveré, cómo será todo... pero seré fuerte, lloraré para luego mirar las lágrimas y aprender de ellas.

Mi mente en el fondo dice: “vamos eva, se que tú puedes, se qué conseguirás ser feliz”.

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