-Ve a la habitación y trae una cosa rosa.
Así lo hizo. Se fue a la habitación y buscó en el maletín de la Señorita Pepis del sado algo rosa. Debido al conocido mito de que los hombres no distinguen mucho más de diez colores, le preguntó desde allí:
-¿Rosa, rosa?
-Sí, rosa, rosa.
Vio un bote de lubricante morado y lo cogió, y lo mismo hizo con un vibrador malva y con un consolador rosado. Después de indagar encontró lo "rosa, rosa", unas bolas tailandesas.
Durante su búsqueda encontró más cosas rosas, como unas muñequeras de cuero y unas esposas.
Volvió al salón con todas las cosas rosas que había hallado y él después de sonreír le dijo:
-¿A ti te parecen rosas estás muñequeras negras?
Es muy posible que no fuesen rosas, para los ojos de cualquiera podían no serlo, pero para ella aunque en apariencia tuviesen el color que fuese, en el fondo eran del color rosa cursi más intenso que se puede imaginar.
Todos esos artilugios contenían una cantidad inmensa de tinte rosa. Estos empezaban a desteñir los momentos de ese color desde el mismo instante en que ella los veía.
-¿Solo traes dos muñequeras? Hay dos más.
Fue corriendo a buscarlas pero no las encontró y mientras volvía a enredarse entre todos los cachivaches encontró un gato y una vela blanca que también eran rosas.
Le informó desde la habitación que no encontraba las muñequeras mientras seguía indagando por los cajones. Él se acercó y la ayudó a buscar y aunque las muñequeras no aparecieron, encontraron más cosas rosas que resultaron de lo más interesantes.
la perra eva
1 comentario:
Yo juego al futbol...De portero y siempre exigo que mi camiseta sea rosa...
la vie en rose
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