lunes, 28 de febrero de 2011

La rueda

Una vez que todos los sumisos asistentes a la fiesta hubieron recibido sus azotes se dieron por finalizadas las clases y se pasó a otros menesteres.

-¿Quieres subirte a la rueda?
-Uhm... Si, vale.

Vaciló un poco antes de contestar, aunque en realidad desde que había visto ese mastodonte giratorio se había imaginado encima.

Le pusieron unas muñequeras de cuero con forro de borreguillo y se montó en la atracción rotatoria. Inmovilizaron sus pies y manos engarzando los mosquetones de las muñequeras a la rueda y empezaron a amarrarla.

Cuerda por aquí, cuerda por allá...

Estaba tranquila, espectante, cuando de repente algo empezó a ir mal... Sin motivo aparente notó como su cara se entumecía, como se volvía del color de la cal. Pensó que no era nada, pero cuando su vista se empezó a nublar se empezó a preocupar.

Saltó la voz de alarma...
-Creo que me estoy mareando...

Enseguida la desataron a cuatro manos... Puso un pie en el suelo casi ida y se tumbó en el potro... Creo que faltó bien poco para que se cayera redonda.

Bebió agüita, se recompuso y alicaída observó como otro sumiso daba dos vueltas en el mastodonte giratorio...

la perra eva

1 comentario:

tiny dijo...

Qué pena! La rueda es muy diver... La próxima vez seguro que irá mejor ;-)